Texto y fotos/Jonh Bonilla

A las 8:20 p.m., el silbato de John Alexander Ospina cortó el aire de Manizales para dar inicio a una batalla de titanes entre el Once Caldas y el Deportivo Independiente Medellín. No se había cumplido siquiera el primer minuto cuando el «Poderoso» hizo contener el aliento a toda la hinchada local: un balón que rozó la gloria y casi infla la red, dejando a la defensa blanca en máxima alerta.

Parecía que el destino se teñía de azul. El DIM, volcado al ataque, encerró al local en su propio terreno, asfixiando cada salida. Sin embargo, en esas noches donde el fútbol parece caprichoso, la suerte, la entrega de la defensa y las manos salvadoras del arquero mantuvieron con vida la esperanza, impidiendo ese grito de gol que la visita ya sentía en la garganta.

Y entonces, ocurrió lo inesperado. En un giro poético del destino, allí donde la lógica se rinde ante la garra, nació un desborde fulminante por la banda derecha. Mateo Zuleta, con el corazón en los pies, mandó el balón al fondo de las piolas cuando el cronómetro marcaba los 79 minutos con 58 segundos. El estadio Palogrande estalló en un solo rugido; fue un estallido de júbilo que sacudió los cimientos de la ciudad.

Pero el fútbol es un carrusel de emociones que no da tregua. La alegría, dulce y efímera, duró apenas tres minutos. Con la misma fórmula, el Medellín encontró en una jugada parecida, el empate tras un centro preciso por la derecha y luego un cabezazo al centro que terminó en un remate certero. El silencio volvió a mezclarse con el murmullo de la tensión.

Fue un partido intenso, vibrante, de esos que dejan el alma cansada. A pesar de algunos lunares de intolerancia en las tribunas —tristes recordatorios de que nos falta aprender a ver al rival con respeto y tolerancia, incluso en un día de reflexión como el Jueves Santo—, la esencia del juego prevaleció.

Hoy, el Once Caldas camina con paso firme, ocupando la cuarta posición de la Liga BetPlay. El horizonte les depara ahora una cita con la historia y el orgullo: el próximo viernes 10 de abril, a las 3:30 p.m., se vivirá el Clásico Cafetero ante el Deportivo Pereira. Una nueva oportunidad para demostrar que, más allá de los colores, el fútbol es el latido que une a las regiones.

Por JJBG

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