
Texto y fotos/Jonh Bonilla
Los cerca de 15,000 hinchas que colmaron las tribunas del estadio no buscaban un simple partido; querían ver a su equipo del alma dar un paso gigante hacia la gloria. Y no hubo desilusión. Desde el pitazo inicial, el Once Caldas saltó al gramado con la jerarquía que exige su historia, mostrando una actitud ofensiva que asfixió al rival.
La magia de la media vuelta
El júbilo estalló al minuto 41. Luis Francisco Sánchez protagonizó una pintura de gol: tras recibir un centro aéreo, y de espaldas al arco, controló el balón con la pierna derecha para, en un movimiento lleno de técnica y fe, dar la media vuelta e inflar la red. El rugido de la afición hizo vibrar los cimientos del estadio mientras Sánchez celebraba el premio a la insistencia alba.

El suspenso y la justicia del VAR
Sin embargo, el fútbol no sabe de guiones predecibles. Apenas iniciado el segundo tiempo, al minuto 48, Fabricio Sanguinetti aprovechó un infortunio del portero Parra para sentenciar el empate. La incertidumbre se apoderó por un momento del ambiente, pero el «Blanco Blanco» no bajó los brazos. Movió sus fichas, presionó en cada rincón y obligó a un Internacional replegado a encomendarse al contragolpe.
La recompensa llegó al minuto 68. Mateo Zuleta desenfundó un remate potente que Fariñez no pudo contener. La tensión se elevó al máximo cuando el juez de línea levantó su banderola señalando un fuera de lugar que parecía ahogar el grito de gol. No obstante, tras la revisión del VAR, la justicia se hizo presente: tanto validado y el Palogrande volvió a ser una caldera.

A un paso de la fiesta de los ocho
Internacional intentó despertar sobre el final, pero la transición de un esquema defensivo a uno de ataque le resultó imposible de ejecutar bajo la presión local. Tras cinco minutos de infarto en la adición, el silbato final decretó el triunfo.
Con esta victoria, el Once Caldas alcanza los 29 puntos, una cifra que lo deja con un pie y medio dentro de la clasificación a los octavos de final. La ciudad no duerme; el sueño de la estrella sigue más vivo que nunca.