
Texto y fotos/Jonh Bonilla
En la historia del fútbol, los casos de perros que saltan a la cancha son numerosos; suele ser un hecho insólito, curioso y, desde luego, extradeportivo. Sin embargo, el «firu-bot» que saltó al césped durante el partido entre el Once Caldas e Internacional fue diferente: espectacular, atractivo y con unas condiciones que dejaron a más de uno con la boca abierta.
Este cuadrúpedo no entró a buscar una caricia cualquiera; ingresó al estadio como toda una celebridad, tomándose fotos y selfies con deportistas, fotógrafos, policías, socorristas y el personal de logística. El singular can utilizaba una «táctica canina» impecable: se acercaba a saludar como quien pide un pedazo de empanada, se agachaba, saltaba y hasta obedecía órdenes. ¡Incluso tuvo la delicadeza de llevarle el balón al árbitro para iniciar el compromiso! Y lo mejor de todo: uno de los jugadores se arriesgó a acariciarlo y, para alivio de su carrera profesional, conservó todos sus dedos.
La pregunta que recorría las gradas era inevitable: «¿De quién es esa mascota? ¿De dónde salió?». Nos dimos a la tarea de rastrear el origen de este peculiar animal y aquí está el «pedigrí» del asunto.

Un prodigio de la robótica
En primer lugar, este “perroide” o «firu-bot» (no encontramos un calificativo más preciso) conocido como el «Perro Robot de Chery». es el embajador estrella de una campaña de AiMOGA Robotics, la marca de vehículos híbridos y eléctricos equipados con IA, que busca promocionar su línea amigable con el medio ambiente.
Este «perro» no nació de una camada, sino que fue fabricado en Hangzhou, China, por Unitree Robotics. Lejos de tener pulgas, utiliza sensores LiDAR 4D para mapear su entorno y realizar movimientos complejos como saltos mortales, saludos o un trote sincronizado que ya quisiera más de uno. Además, puede «ver» en 360°, alcanza velocidades de hasta 5 m/s y tiene una autonomía de 2 a 4 horas. ¡Corre más que muchos y no se cansa en el segundo tiempo!

Es, sin duda, uno de los robots cuadrúpedos más avanzados del mundo gracias a su inteligencia artificial. Para algunos espectadores, el robot trajo la «buena suerte» al equipo albo; para otros, la gran ventaja es que aquí no hay maltrato animal y, como bien dijo un hincha en la tribuna: “Lo mejor es que este no muerde, ¡solo se reinicia!”.
Este tipo de campañas con robots se están tomando los grandes eventos del mundo para despertar la curiosidad del público. Parece que tendremos que irnos acostumbrando a que, en el fútbol del futuro, los mejores pases —o los más virales— vendrán de un amigo de metal y cables.