Uno de los rescatistas abraza a su hija durante la ceremonia

Así, sin tiempo de nada, de coordinar, de conformar un puesto de mando unificado, con el tiempo en contra y las opciones de vida agotándose, fue la experiencia de los cinco socorristas de Manizales que hicieron parte de la USAR, quienes, durante 10 días, buscaron arduamente a los sobrevivientes del terremoto que azotó a Venezuela.

Llegaron hasta el corazón del desastre, sin guías ni protocolos, rodeados por personas desesperadas que emanaban gritos de impotencia y dolor por no tener la fuerza de mover las toneladas de escombros que habían sepultado a sus hijos, padres y madres.

Y así, con el corazón triste pero el entrenamiento y la experiencia intactos, lograron salvar una vida, algo que para ellos fue el premio a su confianza en Dios, y la esperanza que está grabada entre los equipos de rescate y su inquebrantable alma.

Cristian Camilo, Santiago Alberto, Juan Pablo, Juan Camilo y Daniel Fernando, saben lo que es vivir entre la angustia y el tiempo, donde cada segundo es un suspiro menos de vida que exhala quien está atrapado entre la oscura y pesada ansiedad que proviene de los escombros, esperando que lo rescaten.

Para estos guerreros de la vida, el equilibrio emocional es la fuente de su trabajo, porque puede hundirlos en el dolor y dejarlos sin fuerzas o exteriorizarles ese desconocido poder que tiene el ser humano y que duplica las ganas y la esperanza por salvar a quienes están atrapados y sin salida.

Los rescatistas junto al alcalde de la ciudad, comparten con los medos de comunicación

Uno de ellos es Juan Pablo, quien, igual que sus compañeros no se ahorró ni una gota de energía durante los 10 días que estuvo buscando entre las 45 estructuras que evaluaron, y donde pudo ser testigo de cómo su esfuerzo contribuyó para devolverle la vida a Moisés, un niño de 11 años, que duró tres días entre los escombros, y quien tiene casi la misma edad de su hijita a quien abrazó tiernamente entre sollozos, durante un reconocimiento que le hizo la alcaldía de Manizales.

Para él y sus cuatro coequiperos, la imagen de aquel niño, perdurará siempre en sus mentes y corazones, recordándoles que el regalo más gratificante que nos puede dar la vida es devolverle la esperanza a quien la perdió.

Por JJBG

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