
Mientras los ojos del mundo se volcaban a los 1.248 futbolistas de los 48 equipos del mundial 2026 que eran objeto de cámaras y noticias en Canadá USA y México, en Pereira dos deportistas de Lucha Olímpica se disponían a viajar discretamente a Brasil para competir en el Campeonato Panamericano U20 de Lucha Olímpica en Río de Janeiro.
Así sin cámaras ni periodistas, estos dos jóvenes solo tenían la compañía de su entrenador y la convicción de que dejarían hasta el último suspiro por vencer y ganar una medalla para su país y claro, para Risaralda, el departamento que les dio los pasajes para viajar y representar a la tierra del café.
Eran Susana Sánchez, una deportista de Lucha Olímpica que ha ganado medallas y trofeos, y Sebastián Mejía una joven promesa que sigue cosechando triunfos en nacionales.
Los dos atletas risaraldenses entrenaron fuerte y a conciencia, con mente y corazón, porque sabían que delante tendrían grandes contendores que habían hecho lo mismo, por tanto, era cuestión de una milésima de descuido o desconcentración para perder o ganar.
Ambos compitieron en estilo libre, llegando hasta donde sus fuerzas, técnica y suerte, se lo permitieron, ocupando la 5ª casilla, cada uno entre los grandes luchadores del continente.
Uno de estos deportistas hace parte de esas historias rodeadas de anécdotas a veces insólitas y hasta increíbles, pero siempre ligadas a sus logros y triunfos, así como sus sinsabores y derrotas.
Se trata de Sebastián Mejía, un risaraldense que, en pandemia, buscaba ejercitarse para estar ocupado y evitar la depresión del confinamiento, pero las intensas nevadas de New York, donde se encontraba, no le permitían entrenar algún deporte al aire libre. Por esta razón escogió la Lucha Olímpica, esa disciplina que indignó a sus padres quienes se lo imaginaban fracturado, golpeado o en camilla.
Aun así, al joven Mejía, las doble nelson, el suplex, tacle y la llave de bombero, lo fueron atrapando en ese círculo azul y rojo, donde aprendió tantas veces que tocar la lona con la espalda es perder un combate, pero no la lucha si aprende y levanta con más fuerza y decisión.
Sus estudios universitarios lo han llevado a entrenar solo y de noche. Y allí, a veces, combatiendo contra su sombra ha aprendido que cuando se tiene una meta, los obstáculos son el combustible para llegar a ella.