Texto/Jonh Bonilla/Fotos/Redes/FCF

Tal vez la vereda «El Chontal«, no sea tan conocida en el país como tampoco Betsabé, la arquera de fútbol que jugó hace dos décadas en un equipo de Tumaco.

Esta es la tierra donde nació Jáminton Leandro Campaz y ella es Betsabé Campaz, la madre del destacado jugador que el pasado 17 de junio anotó el tercer y agónico gol de la selección Colombia contra Uzbekistán, luego de una sufrida y colosal jugada de su coequipero el Cucho Hernández.

Jáminton creció rodeado de casas de madera, playas, redes de pescar, canoas y balones, ingredientes que le sirvieron para ir tejiendo ese amor y habilidad futbolera, la misma que lo llevó a buscar un futuro que lo alejara del conflicto armado que rodeaba el lugar.

Su infancia fue una aventura en el mar, donde sacó peces, nadó, jugó, fuer mordido por una serpiente y vio que la inmensidad del mar es como el camino de la vida. Él y sus 7 hermanos perdieron a su padre, pero aprendieron de Betsabé, que hay que ser como las cometas, cuanto más fuerte es el viento más alto hay que volar.

Por esta razón el joven tumaqueño, con la ayuda de su hermano Mike, y con 10 años de edad, llegó al barrio el Jordán de Ibagué donde estudiaba y entrenaba, todo a pie porque no había para el bus. Tocó puertas en Pasto y América, pero fue en el Deportes Tolima donde debutó el 1 de abril de 2017 frente Tigres FC, anotando su primer gol en el fútbol profesional. Luego fue convocado a la selección Colombia Sub17 para jugar el sudamericano y el mundial en India.

Así ha transcurrido su carrera, que en el 2021 lo llevó hasta el fútbol brasilero y luego el argentino donde milita en Rosario Central, como delantero vistiendo la camiseta número 8, y donde vive con Alexa Salazar, su esposa y sus tres hijos.

Atrás quedaron los préstamos de canilleras y medias, pero no la humildad y la modestia que le enseñó su progenitora, quien, con Biblia en mano les inculcó que lo que es imposible para el hombre es posible para Dios.

Hoy, sea inicialista, entre al final o no juegue, de algo está seguro, ha llegado más lejos de lo que imaginó cuando lanzaba las redes para pescar o cuando se levantaba antes del amanecer en aquel sitio que lleva en su mente y su corazón, “El Chontal”.

Por Editor

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