Apreciados amigos, volvemos de nuevo, luego de una semana de ausencia, por algunas afectaciones del terremoto el pasado 10 de agosto. Esperamos seguir contando con su valiosa compañía y así informar las noticias positivas de Manizales y el Eje Cafetero colombiano. Porque todo en la vida, tiene su parte buena. ¡Solo es verla con la óptica adecuada! Y la mejor es la positiva y edificante.
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Entre el ruido de las tejas y el temor por otra réplica, viven los indígenas del corregimiento de Bonafont en Caldas, que perdieron sus casas por el terremoto del pasado 10 de agosto.
Lo perdieron casi todo, pero la fe y la esperanza aún están intactas, gracias a la comunidad que les aviva ese espíritu guerrero por la vida.
Con herramientas manuales, remueven el histórico barro ancestral de sus casas, que la naturaleza derribó en menos de dos minutos.
Saben que el tiempo es oro y se colaboran entre ellos rescatando lo que pueden mientras llegan las ayudas que esperan no se tarden.
Tejas, ladrillos, cemento y arena serían los ingredientes que les permitiría reconstruir las pocas paredes ancestrales que hay en pie.
Solo piden que los recuerden para seguir adelante con mejores viviendas porque las anteriores destrozaron sus pertenencias, aunque no su integridad.
Y así, cae la noche, en esta población indígena de Escopetera y Pirza, que se niega a ser olvidada.